699 454 634             info@sngg.es  Área de socios Házte socio Buzón
Se encuentra en:     Inicio / Actualidad / A propósito del Día Internacional de las Personas de Edad

A propósito del Día Internacional de las Personas de Edad

1 de octubre de 2018

El 14 de diciembre de 1990, la Asamblea General de las Naciones Unidas designó el primero de octubre como día internacional de las personas de edad. De esta forma, se reconocía la importancia creciente de los mayores en el contexto de la demografía mundial. Con más de 700 millones de personas mayores de 65 años en todo el mundo, toda nuestra concepción del ciclo de vida humano se va a ver profundamente modificada, aunque nuestra sociedad va incorporando estos cambios de manera paulatina.

El lema elegido para este año – “El futuro que queremos: lo que dicen las personas mayores” – nos habla directamente de uno de estos cambios. Los mayores ya no aceptan de forma pasiva el lugar que la sociedad quiera asignarles, sino que quieren participar activamente en la construcción de ese espacio. Quizás la forma más conocida de esa reivindicación sea la lucha por unas pensiones dignas, pero sin quitarle importancia a esta liza, desde la Sociedad Navarra de Geriatría y Gerontología opinamos que hay otros aspectos igualmente importantes a reivindicar, y uno de ellos es la soledad de las personas mayores.

En nuestro país asistimos a un crecimiento imparable del número de personas mayores que viven solas, de manera que en la actualidad se estima que esta cifra sobrepasa los dos millones. Entre el 5-15% de los mayores tienen sentimientos permanentes de soledad, mientras que el 20-40% lo nota de forma esporádica, si nos atenemos al informe 'Soledad y personas mayores' de la Universidad Internacional de Valencia (VIU).

Durante el envejecimiento es frecuente experimentar una serie de vivencias y cambios que pueden ayudar a la aparición del sentimiento de soledad (pérdida del cónyuge por muerte o separación, la salida de los hijos de casa o la muerte de los amigos). Pero esas circunstancias no significan que todas las personas mayores que están o que viven solas se sientan solas.  Es decir el vivir solo, o aislado socialmente  no es sinónimo de sentirse solo, aunque aumente el riesgo sufrir la soledad. 

A diferencia del aislamiento social o vivir solo, conceptos objetivos y medibles; la soledad se define como una experiencia individual y subjetiva, difícil de exteriorizar y cuantificar, en la que la persona  manifiesta una  sensación desagradable resultante de una discrepancia entre los niveles de contacto social deseado y la realidad de contactos sociales que la persona ha logrado conquistar.

Este sentimiento subjetivo de soledad es el que correlaciona mejor con los efectos negativos de la misma. Es fácil pensar que la soledad puede afectar al bienestar emocional y psicológico, pero quizás nos sorprendería más saber que la salud física se encuentra también extraordinariamente afectada. Por ejemplo, hoy sabemos que la soledad se asocia a una reducción considerable de la esperanza de vida, y al desarrollo de una serie amplia de patologías, desde enfermedades cardiovasculares a la enfermedad de Alzheimer. Por no hablar de los trastornos depresivos, el insomnio o la ansiedad. Y por supuesto, una vez que aparecen estos problemas, su evolución es mucho peor en las personas que están o se sienten solas. 

A nivel funcional, se ha demostrado que estas personas suelen tener su movilidad más reducida y limitaciones en la realización de sus actividades de la vida diaria aumentando así su aislamiento social. Además, suelen estar menos satisfechas con sus vidas, con una peor percepción subjetiva de su estado de salud.

La soledad, especialmente si es crónica, ocasiona vivencias de baja autoestima, tristeza, angustia, pesimismo, desconfianza y rabia. La persona entra en un círculo vicioso que va de la soledad al aislamiento buscado intencionalmente, como gesto de repulsa y rechazo, modificando negativamente el estilo de vida. Se produce un deterioro de la calidad de vida. Esta situación de estrés crónico pone en marcha mecanismos neurobiológicos que pueden dañar la cognición, el sistema inmunológico, la alimentación, y en definitiva, la salud de la persona mayor, incrementando la dependencia y la mortalidad.

Por otro lado, posiblemente  este problema sea infravalorado, y no identificado, siendo su prevalencia mayor de lo cuantificado. Actualmente existe un fuerte estigma social asociado a la soledad, llevando a algunas personas con déficits en sus relaciones sociales a no asumir su sentimiento de soledad, por no estar bien visto o por la creencia de que el hecho de sentirse solo sea un fracaso social.  Siendo  más fácil identificar la falta apoyo social o aislamiento que la presencia de dicho sentimiento.

El perfil sociodemográfico de las personas que están en mayor riesgo de sentirse solas coincide con ser mujer, tener más edad, bajo nivel formativo, pocos ingresos, no tener pareja y vivir solo.

Hoy día, la soledad está bien tipificada como uno de los mayores problemas que atenazan a los mayores. Sin embargo, remediarla no es una tarea fácil.  Las actuaciones a realizar deben ser múltiples, variadas, tales  como mantener un adecuado estado de salud, tratar el déficit sensorial (hipoacusia o déficit visual), revertir o prevenir la inmovilidad, facilitar el acceso a las viviendas,  eliminando las barreras arquitectónicas, el acceso a la formación o mejorar la  comunicación. Otras intervenciones como las grupales de apoyo, sobre todo las educativas han mostrado ser efectivas para reducir y prevenir este problema. La participación de las personas mayores en actividades sociales  actúa como factor protector contra la soledad

Es evidente que la integración en distintos grupos previene el aislamiento de la persona mayor, al mejorar la red de apoyo, contribuir al reconocimiento social y hacer posible la identificación como un miembro más de la sociedad. No obstante, la integración se ve dificultada por los estereotipos negativos y prejuicios hacia los mayores, aumentados hoy día por los cambios en las formas de relación que imponen las nuevas tecnologías.

La soledad es un sentimiento que, vivido durante la vejez, puede llegar a representar importantes dependencias de tipo social, funcional, cognitivo y/o desencadenar problemas de salud que pueden causar dificultades en la vida cotidiana. Creemos que la soledad debería ser reconocida como un problema de salud pública, que precisa ser abordado desde la prevención y la educación en valores humanistas que reconozcan la dignidad esencia de la persona, con independencia de su edad. Fomentar la participación en la convivencia intergeneracional, la colaboración con los demás y el voluntariado son hoy una exigencia.

Debemos profundizar sobre los factores y circunstancias que pueden causar este sentimiento en el proceso de envejecer. Trabajar su identificación precoz  de este problema, además de   conocer  e instaurar las posibles estrategias y recursos necesarios, tanto en el ámbito personal como profesional, para la prevención y solución  de este problema, mejorando  la calidad de vida de nuestros mayores.

Reuniones como los Encuentros Gerontológicos de Primavera organizados por la Sociedad Navarra de Geriatría,   en la que diferentes profesionales abordaron  con diferentes ponencias  sobre “la soledad doliente en las personas mayores, y  sus consecuencias” y   la creación de un grupo de trabajo multidisciplinar  dentro de nuestra Sociedad científica, pueden ser un buen punto de partida.

Sociedad Navarra de Geriatría y Gerontología

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Otras Noticias

PARTICIPA, HAZTE OIR, COLABORA

PARTICIPA, HAZTE OIR, COLABORA

Desde tu profesión y experiencia, desde tu institución o colaborando con nosotros.

Ver más
Cuadernos Gerontológicos

Cuadernos Gerontológicos

Descarga nuestra revista aquí

 

Ver más
Premio Tomás Belzunegui 2018

Premio Tomás Belzunegui 2018

Una imagen de las personas mayores sin estereotipos ni prejuicios

Ver más

Colabora con la SNGG y Hazte Socio

Colaboración Institucional